Lunes, 11 de diciembre de 2006
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FECHA: 21 DE DICIEMBRE (JUEVES)
HORA: 19:00h
LUGAR: SALON DE GORBEA


Con los fr?os (4? C marcaba esta ma?ana el term?metro) del invierno os presento la pel?cula de este mes. Desde aqu? quiero animaros a todos a pasar una agradable tarde de cine en buena compa??a. A los que estuvisteis el mes pasado viendo ?Le?n y Olvido? simplemente recordaros que el horario es el mismo que la otra vez: 19:00h y para los nuevos lo dicho: animaros a venir, os aseguro que os gustara y ser?is recibidos con los brazos abiertos.


la pelicula de este mes es la siguiente:

T?tulo original: Princesas

Direcci?n: Fernando Le?n de Aranoa
Productora: Reposado, Mediapro
Productor: Fernando Le?n de Aranoa, Jaume Roures
Guionista: Fernando Le?n de Aranoa
Fotograf?a: Ramiro Civita
Direcci?n art?stica: Lloren? Miquel
Vestuario: Bina Daigeler
Maquillaje: Carlos Hern?ndez
Peluquer?a: Manolo Garc?a
Montaje: Nacho Ruiz Capillas
M?sica: Alfonso de Vilallonga, Manu Chao

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Ficha art?stica

Candela Pe?a (Caye), Micaela Nev?rez (Zulema), Mariana Cordero (Pilar), Llum Barrera (Gloria), Violeta P?rez (Caren), M?nica Van Campen (Angela).

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Sinopsis

?sta es la historia de dos mujeres, de dos putas, de dos princesas. Una de ellas se llama Caye, tiene casi treinta a?os, el flequillo de peluquer?a y un atractivo discutible, de barrio. Zulema es una princesa desterrada, dulce y oscura, que vive a diario el exilio forzoso de la desesperaci?n.

Cuando se conocen est?n en lugares diferentes, casi enfrentados: son muchas las chicas aqu? que ven con recelo la llegada de inmigrantes a la prostituci?n. Caye y Zulema no tardan en comprender que, aunque a cierta distancia, las dos caminan por la misma cuerda floja. De su complicidad nace esta historia.

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Notas del director

Caye tiene una madre a la que no le gusta visitar los domingos porque en ella se ve a s? misma, reflejada: Pilar es un espejo ingrato para Caye, lo que la chica ve en ?l no le gusta, porque lo sabe futuro probable, cercano.

Zulema es una princesa desterrada, dulce y oscura, que vive a diario el exilio forzoso de la desesperaci?n. Lleva siempre encima una fotograf?a de su hijo, un trocito de esperanza plastificada en 3x4, que saca a cada rato de su cartera para ense??rsela a sus compa?eras de cuneta, aunque la que de verdad necesita verla es ella.

Caye se enamora luego de un Manuel. En ?l quiere ver al que ser? el hombre de su vida, aunque lo sea s?lo por un rato. Caye no sabe amar, porque lo ha hecho poco, por eso se acelera y lo hace con torpeza, a trompicones. Quiere dar todo lo que tiene guardado, que es mucho, y acude a su segunda cita con el coraz?n en la mano, dispuesta a entregarlo. Como si fuera un maniqu?, Caye coloca sobre Manuel todos sus deseos. Y es dif?cil estar a la altura de los deseos de Caye.

Mientras, Zulema se hace fotograf?as furtivas entre las cajas de los supermercados: demostrar? con ellas a sus padres que trabaja de cajera, como les dijo en sus primeras cartas, hoy ya lejanas. Luego, de noche, camina otra vez desnuda entre los ?rboles asombrados de la Casa de Campo. Funambulista experimentada, hace equilibrios por el alambre afilado de sus arcenes, entre el caudal lento y metalizado de los coches, dando traspi?s sobre la tierna fragilidad de sus veintitantos a?os desnudos.

Dice Caye que las princesas son tan sensibles que no pueden vivir alejadas de sus reinos porque se morir?an de pena. Algo de raz?n debe tener, porque a Zulema los d?as cada vez se le hacen m?s dif?ciles, los silencios m?s largos, los alambres m?s estrechos. Su imprevista amistad les dar? a las dos un refugio temporal, una habitaci?n soleada, compartida, en la que sentarse a conversar con desacostumbrada ternura y re?rse, de todo y de nada en concreto, ajenas, tranquilas; como si afuera hubieran dejado hoy la culpa y los pasos en falso; como si el tiempo aqu?, por verlas mejor, pasara m?s despacio junto a ellas.

En esta historia hay adem?s una peluquer?a con pretensiones de sal?n de belleza que las chicas frecuentan m?s en busca de conversaci?n que de cortes de pelo. En ella discuten, comentan, r?en y se pelean, los m?viles siempre a mano, sin dejar de sonar. Aqu? conoceremos a Blanca, la princesa desheredada, la que una vez tuvo belleza, juventud y dinero, hoy siempre detr?s de un cuarto de ba?o. La droga se lo quit? todo excepto el encanto, que de tanto no fue capaz.

Y conoceremos tambi?n a Caren, a ?ngela, a Rosa y a las otras, las mujeres invisibles, las de la mirada secreta. No encontrar?is a nadie, pol?tico o cliente, que admita haberlas visto, haber escuchado de su boca palabra, risa o lamento. Oir?is a muchos hablar en su nombre, nunca a ellas.

Cuando las quieran salvar, cuando las quieran esconder, cuando las quieran echar, tampoco podr?is escucharlas, porque nadie les pregunta, nada, nunca. Pagan a diario los altos impuestos de la precariedad y el desprecio, ponen cada noche su coraz?n a doble o nada; deambulan confundidas, nocturnas, por los bosques desencantados que circundan las ciudades, buscando acaso el billete de regreso que una vez perdieron.

Sin embargo, cada noche, en la Casa de Campo, sale vaho de sus bocas cuando r?en, reunidas en torno a la hoguera c?mplice de su conversaci?n. Si escuch?ramos con atenci?n las oir?amos hablar con una ternura desacostumbrada de sus novios, de sus hijos, de lo que la vida tiene a?n reservado para ellas; las oir?amos discutir, prometer, lamentarse a veces, aunque discretamente, sin perjuicio de la alegr?a.

Si escuch?ramos, las oir?amos tambi?n celebrar su cumplea?os un d?a, con un pollo rostizado comprado a los ambulantes que frecuentan sus espacios. Luego el brindis emocionado, cerveza y pl?stico, las palabras que se anudan en la garganta, los aplausos y las risas, los bolsillos de la memoria cedidos ya a fuerza de tanta ausencia.

Mientras, a su espalda, el horizonte soberbio de la ciudad duerme tranquilo, ajeno a todo. Pero all? arriba, arriba, est? la vida, hablando en muchas lenguas distintas el idioma com?n de la esperanza.
Publicado por Sparkles @ 13:29  | Kultura / Cultura
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